Sociólogos y Sociología en Uruguay

La sociología: su racionalidad, su profesionalidad y su habitus.
Autor: Marcos Supervielle

Supervielle muestra una visión sobre los Sociólogos y la Sociología en nuestro país, donde plantea la posible existencia de un habitus sobre la forma de trabajar de los sociólogos y una aproximación numérica a la cantidad de sociólogos profesionales trabajando en Uruguay. En base a la situación expuesta, realiza una propuesta del papel que debe desempeñar el Colegio en esta nueva etapa que se comenzó a transitar.

 

Introducción.-

Estos apuntes surgen de mi intervención en el 1er. Congreso Uruguayo de Sociología. En una segunda parte realizo algunos desarrollos complementarios sobre una proposición de la comprensión del habitus de los sociólogos uruguayos.

La primera intervención comunicación la dividí en tres partes:

  • En primera instancia traté de hacer una aproximación numérica a la cantidad de sociólogos profesionales trabajando en el Uruguay.
  • En segunda instancia me referí a cuál es el aporte específico (intelectual) de la actividad del sociólogo en Uruguay.
  • En tercera instancia me referí al papel que consideraba que tenía que jugar el Colegio de Sociólogos en la etapa post primer Congreso.

En estos apuntes me voy a extender algo más sobre la forma de trabajar de los sociólogos en Uruguay postulando que quizás exista un habitus que en el sentido que le da Bourdieu a este concepto. Habitus que intentaremos formalizar.

Pero previamente es necesario precisar algo más que entendemos específicamente por sociología profesional. En primera instancia, consideramos que es necesario distinguir la sociología profesional en general de la sociología llamada espontánea. En efecto, con respecto a esta última, aparece casi como una necesidad que todo actor social requiera de algún tipo de idea, de convicción, de cómo funciona la sociedad para poder actuar en ella. Esta forma de sociología, que algunos denominan espontánea, y que generalmente se le identifica con el “sentido común”, debe ser distinguida de la Sociología profesional que intenta describir la sociedad de forma rigurosa siguiendo ordenadamente pautas teóricas y metodológicas.

La Sociología profesional en sentido estricto es la que más nos interesa en este trabajo. En ella, distinguimos la actividad orientada hacia los propios pares, en este caso estaríamos hablando de la sociología académica, y la distinguimos de cuando se orienta a los no sociólogos, o sea a otros actores sociales, más precisamente tomadores de decisiones al nivel que sea, en este caso la denominaremos sociología profesional en sentido estricto. Esta segunda distinción nos parece más correcta que la de distinguir a los sociólogos que trabajan en las Universidades, considerándolos académicos, y a los que no lo hacen considerándolos profesionales. Si se acepta nuestra propuesta de distinción entre ambas, podríamos decir que la producción sociológica en Uruguay es mucho más profesional que académica ya que incluso en los Departamentos de Investigación universitario privilegian muchas veces el ser escuchados por los no sociólogos en cuanto a la comunicación de los resultados de sus investigaciónes. Y otras veces se combina las actividades la académica y la profesional lo que no es negativo necesariamente porque ambas actividades se retroalimentan.

Más allá de la producción en sí, lo que nos interesa en esta primera parte son las características de la sociología profesional y del sociólogo concreto que poco a poco va constituyéndose en nuestra sociedad. Para ello es necesario revisar las características de las relaciones que vemos que establecen los sociólogos con los actores sociales, a través de las demandas que reciben y también de las características de los empleos que ocupan.

 

La cantidad de sociólogos que trabajan profesionalmente. 

Como Presidente del Fondo de Solidaridad puedo afirmar que los sociólogos que aportan al mismo son 416. Ellos son egresados de la Universidad de la República, trabajan en empleos estables públicos y privados. No sabemos si se les reconoce el estatuto de sociólogo profesional en sus ocupaciones pero al declarar al Fondo su condición de sociólogo, tenemos una fuerte suposición que esta condición es efectivamente considerada de una forma o de otra.

¿Esta es la cifra total de los sociólogos profesionales? La respuesta inmediata es que no. Faltarían los sociólogos egresados de los últimos 5 años de la UDELAR, porque se comienza a colaborar con el Fondo a partir de 5 años luego del egreso. Los egresados de Sociología en los últimos 5 años son aproximadamente unos 100 y calculamos que por lo menos la mitad de los mismos ya está trabajando profesionalmente. Faltarían además los egresados de la UCUDAL que no aportan al Fondo. Están por último los que han egresado en el exterior y que trabajan en el Uruguay y aquellos que por trabajar en empresas pequeñas están evadiendo su contribución al Fondo. En total estimamos que aproximadamente hay unos 150 sociólogos más que están trabajando en el Uruguay.

 

¿Cuál es específicamente el aporte (intelectual) de la Sociología como aporte profesional, como se presenta el sociólogo profesional en Sociedad?

Para abordar estas preguntas necesariamente debemos referirnos a ciertas características de la Sociología en una aproximación muy intuitiva:

  • Una primera característica central de la Sociología es que su mirada es transversal, tiene una enorme diversidad temática, y ello se justifica en la medida en que “lo social” se relaciona con una enorme cantidad dimensiones de la vida humana. De ello se desprende que la formación de los sociólogos tiene que ser necesariamente muy amplia ya que su función específica muchas veces esté relacionada a vincular espacios o sub sistemas muy alejados entre sí en las culturas dominantes por lo que el sociólogo debe tener una amplia cultura general. Un ejemplo académico canónico es la investigación de Weber que logró “conectar” el espíritu capitalista con la ética protestante. Sin alcanzar tan magistrales conexiones, los sociólogos estamos llamados de hecho, muchas veces a articular diversos planos cuya conexión no parece evidente.
  • Una segunda característica y quizás más relevante, es que a los sociólogos se nos convoca cuando aquellos que tienen que tomar decisiones las deben tomar sobre problemas nuevos y/o sobretodo, viejos problemas cuyas soluciones tradicionales no son satisfactorias. Se convoca entonces a los sociólogos porque - al menos en Uruguay – estos se presentan a la sociedad como expertos en Investigación. En efecto los sociólogos uruguayos en general muestran dominio sobre un conjunto de metodologías y técnicas de investigación de un espectro amplio, que les permite abordar una variada gama de problemas de investigación de forma sistemática y producir la información correspondiente sobre casi cualquier problema social.
  • Esta característica le da al sociólogo un perfil de generalista en su presentación ante la sociedad. Perfil que, justamente por ser de generalista, aparece a veces como difuso y por lo tanto alejado del perfil de especialista, etc. que es mucho más valorizado en nuestras culturas contemporáneas. Es por ello que el sociólogo debe hacerse valorar a partir de la demostración del dominio de una técnica auxiliar como es fundamentalmente la técnica estadística y, de esta manera lograr tener una visibilidad más clara para los no sociólogos.
  • Pero en términos más sustantivos diría que los sociólogos son requeridos en un registro humanístico, es decir, estar orientados en su producción sociológica a una búsqueda de dar fundamento a las decisiones sobre lo social a partir de una racionalidad orientada a valores.

La filosofía clásica identifica lo racional con lo que hoy denominamos la racionalidad instrumental o sea “racional con arreglo a fines” en la terminología weberiana. O sea, una adecuación de medios a fines, estos últimos explícitos y precisos. El resto de las acciones humanas eran considerada irracional por esta tradición filosófica. La economía “standard”, redobla la apuesta, retoma esta distinción entre racional e irracional pero reduce las acciones racionales a aquellas que se orientan a fines egoístas, este es el fundamento de “homus económicus” al que se refieren los economistas.

Los sociólogos reconocemos la existencia de una racionalidad instrumental y aún egoísta por un lado y también reconocemos las acciones irracionales, tales como los afectos y las pasiones como la irracionalidad de las acciones tradicionales como las rutinas, rituales basadas en socializaciones, etc.

Sin embargo, la sociología moderna le da particular importancia a las acciones orientadas por valores, consideradas también racionales. El procedimiento sociológico general es casi siempre buscar encontrar asociar una dimensión racional valorativa a toda racionalidad instrumental y a tipo de causa, incluso aquellas de características irracionales. Esta forma de aproximarse a la realidad es típica de la Sociología y nos diferencia de la forma de razonar de otras Ciencias Sociales. En efecto, en términos generales esta forma de razonar constituye su aporte específico y a veces aparece como menos o más explícito. En efecto a veces esta racionalidad con arreglo a valores aparece como supuesto de la acción y no se hace explicita y otras por el contrario aparece como fundamento público de la racionalidad de la acción. La consideración de lo bueno y lo malo, de lo justo o lo no justo, de lo ético o no ético sobrevuela toda la producción sociológica en el continente, al menos consideramos que este es la postura dominante en la Sociología de América latina. 

En síntesis, la visibilidad de los sociólogos como profesionales de las Ciencias Sociales en Uruguay, aunque crecientemente está valorada por los decidores del sector público y del sector privado, corre el riesgo de serla por razones equivocadas o al menos equívocas. Ello, porque las demandas de investigación o de asesoría que se realizan a los sociólogos son muchas veces difusas porque se producen en el “contexto de descubrimiento” y si a ello le agregamos la dimensión generalista de esta profesión, hace que no se sepa bien, con precisión, cuáles pueden ser los resultados que arrojará la investigación. Esta situación de incertidumbre solamente puede irse evacuando en la medida en que el discurso sociológico muestre su contundencia en términos muy generales y sobretodo la consistencia de sus aseveraciones.

Dicho lo anterior, vemos que los sociólogos ocupan diversas ocupaciones en el sector público y privado. En el sector público, aunque también en el privado una actividad muy importante para los sociólogos es la Docencia, tanto en la actividad terciaria en las Universidades como Secundaria. Los sociólogos insertos en Secundaria han creado una asociación y llevan adelante tareas colectivas, de defensa de horas docente etc., pero es importante señalar que como colectivo son demandantes de la producción sociológica nacional difundida por los Institutos de Investigación universitaria para poder dar de forma actualizada los distintos puntos del programa del cual son docentes.

En el sector público otra forma de inserción, la segunda quizás en número, y que se repite en diversas instituciones es la de participar en los Departamentos de Estadísticas y de Investigación, cuando estos existan en el organismo que los contrata. Es así que hay múltiples sociólogos en el Instituto Nacional de Estadísticas, en el Departamento de Cultura del Ministerio de Cultura, etc.

Una tercera forma de inserción de los sociólogos en el sector público es atrayéndolos a los Departamentos de Gestión de Recursos Humanos. Hay sociólogos trabajando en varios Entes autónomos en los departamentos de Gestión de >recursos Humanos y también en los Ministerios.

La cuarta y última que si bien existe desde tiempos inmemoriales ha crecido notablemente con la administración del Frente Amplio es la participación en la elaboración de políticas sociales, en su evaluación y monitoreo. Ello no solamente se da en el MIDES sino en OPP, Ministerio de Trabajo, Ministerio de Educación, en las políticas de Género, en las políticas de Educación. Hay cierta inserción incluso en las Intendencias.

En cuanto a las actividades privadas, en el sector privado comercial la inserción mayor ha sido en actividades de Estudio de opinión y Mercado y, en Marketing. Finalmente hay una importante inserción de sociólogos en actividades cooperativas pero sobretodo en las Ongs. En estas últimas si bien su rol se hace difuso salvo en la elaboración de proyectos.

 

El papel del Colegio de Sociólogos en esa nueva etapa posterior al Congreso.

Para el Colegio de Sociólogos, dado que hay una nueva inscripción y reinscripción de sociólogos como consecuencia directa de la organización del Congreso, la inserción ya no marginal de los sociólogos en actividades profesionales extrauniversitarias y el contexto general que se vive está llamado a recobrar vigor y a actuar en función de la nueva realidad que se vive.

Por ello, a mi entender una serie de tareas que el Colegio debe encarar a corto plazo.

- Fortaleciendo la institucionalización de la Sociología profesional. Es de recordar que en años pretéritos llegó a existir un Depto. de Sociología Rural en el antiguo Ministerio de Ganadería y Agricultura. Hoy no hay ninguna institución pública que haga referencia a la Sociología, no pretendemos la existencia de un Ministerio de Sociología como existe un Ministerio de Economía pero sin embargo es de pensar si el Estado no debería tener algún Departamento especializado. Algo así como el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) existente en España. Propongo que el Colegio discuta la conveniencia de este nivel de Institucionalización y de pensar que es necesario, donde debería estar ubicada institucionalmente, etc.

Pero más allá de este nivel de institucionalización también es necesario luchar por la consolidación de los llamados a concurso de sociólogos en la administración pública. Tanto para evitar los llamados abiertos e inespecíficos a todas las profesiones de las Ciencias Sociales a las que a veces se suma a los egresados de Trabajo Social.

- También es necesario fortalecer las redes de sociólogos que están inscriptos en tareas similares en diversos organismos tales como los que están trabajando en la Gestión de Recursos Humanos. Y ello para intercambiar experiencias, formas de intervención, tanto para realizar esfuerzos de formación continua, diplomas etc. A su vez, es necesario que el Colegio apoye a los sociólogos que se encuentran en organismos públicos pero que no se les reconoce su saber profesional o bien estatutariamente o bien de forma sustantiva. Consideramos que el Colegio debe poder apoyar a sus afiliados en este sentido.

- Otra tarea en defensa de sus afiliados que considero relevante es la de ayudar a los afiliados en el caso que estén trabajando como profesionales liberales a través de contratos realizando consultorías asesorías, etc. Muchas veces estos contratos son leoninos y consideramos que el Colegio puede asesorar a sus afiliados y eventualmente realizar alguna acción tendiente a evitar estos malos contratos.

- Para todo lo anterior es imprescindible que el Colegio se dé una forma y tenga mecanismos de presencia continua frente a las autoridades públicas. Sean estas de carácter político o de carácter universitario. 

- Otra tarea que me parece central tanto para fortalecer la identidad de los sociólogos como la del propio colegio, es la de realizar actividades periódicamente como forma de darle una vida asociativa dinámica y real. Esta tarea puede ser realizada solo por el Colegio o articulada a diversas instituciones como se hizo en el Congreso. 

- Finalmente es relevante la asunción de la representación del Colegio en las instancias internacionales como por ejemplo en el Foro de la Asociación Internacional de Sociología (AIS) en Buenos Aires el año entrante.

 

Hacia la búsqueda de un Habitus de la Sociología profesional.

En la exposición anterior cuando nos referimos a la forma de razonamiento sociológico lo hicimos en clave weberiana porque su tipología de las acciones sociales es bien conocida por todo sociólogo uruguayo y me pareció que recurrir a esta clave facilitaba la comprensión de mi exposición. Pero ¿es posible pensar la especificidad de la producción intelectual sociológica desde otra perspectiva teórica? Intentaremos hacerlo desde una perspectiva de Bourdieu recurriendo al concepto de Habitus.

El mandato manifiesto de todo sociólogo, sea el rol ocupacional que ocupe es el de describir la sociedad en que vive. O sea, responder a la pregunta: ¿En qué sociedad vivimos?

La respuesta tiene una miríada de posibilidades de respuesta tanto por lo polisémico que es el concepto de sociedad como por la cantidad de distintos puntos de vista a partir se la puede observar. Sin embargo, lo que hace particular la mirada de los sociólogos es que sistemáticamente se enlaza esta pregunta con una segunda, que puede formularse así: ¿qué sociedad queremos?

La relación entre las dos preguntas no es secuencial, primero describimos a la sociedad y luego decimos adonde querríamos ir porque en la práctica, las variables, categorías u otras formas de calificación que utilizamos para describir la sociedad lo hacemos en función de la pregunta: ¿qué sociedad queremos? Es por ello que señalábamos que las preguntas estaban enlazadas o si se quiere decir en términos más fuertes, las preguntas están encastradas la una con respecto a la otra.

Es por ello que si queremos que la respuesta a la pregunta de qué sociedad queremos sea radical, incluso revolucionaria la descripción de la sociedad será totalmente distinta a la descripción que haríamos de la misma si los cambios que pensamos que requiere la sociedad son de orden pragmático. Lo que sí tienen en común y ello es consecuencia implícita de la pregunta ¿qué sociedad queremos? Es que toda sociedad requiere de cambios. Se sostiene y con razón que la práctica sociológica es una observación continua explícita o implícita del cambio.

El habitus sociológico a nuestro entender gira en torno a esta forma de articular la descripción de la sociedad con la aproximación a la proyección de sociedad que se quiere vivir. Una vez formulada esta propuesta general se requiere realizar una serie de especificaciones que me parecen relevantes.

1) Las respuestas a pregunta ¿qué sociedad queremos? son abiertas, admiten múltiples respuestas y por lo tanto los sociólogos no tienen demasiadas certezas acerca de la misma. Quizás existan más certezas negativas, o sea en que sociedad no queremos vivir. Y esto es una gran diferencia con la sociología del siglo XIX en donde las convicciones eran mucho más fuertes. Más allá de ello y a pesar que el hecho de no tener repuestas contundentes acerca de la sociedad a la que se quiere arribar debilita a la sociología como discurso, la función actual de esta pregunta lleva a romper con las certezas y las rutinas acerca de la reflexión acerca de la sociedad. Es decir, esta pregunta rompe con las certezas de la sociología espontánea, con el sentido común e incluso como decía Labat, con el sentido común científico. Una de las estrategias para hacerlo por parte de muchos sociólogos, estrategia muy legítima es el encontrar una información que rompa certezas. Por ejemplo, las altísimas tasas de deserción en secundaria que rompen con la convicción que la enseñanza secundaria en el Uruguay puede tener algún problema pero sigue siendo excelente. O el hallazgo que el Uruguay está teniendo un proceso de concentración de tierras inédito en los últimos años que va contra la idea que la propiedad es relativamente estable en el campo. Esta suerte de revulsivo que implica hacer aparecer información que obliga a repensar la sociedad y proyectarla puede traer a veces aparejado exageraciones de interpretación como el caso de las consecuencias de las altas tasas de los denominados “ni, ni”. Fue necesario mostrar que el tamaño abultado de esa tasa tenía vinculación con un aumento de mujeres jóvenes en esa condición y que por lo tanto las consecuencias que se atribuían a los que no trabajaban ni estudiaban aparte de no comprobarse necesariamente, podían corresponder a situaciones no riesgosas para las personas y la sociedad. Por ejemplo ser “ni, ni” podía deberse a estar embarazada o haberse casado y haber pasado a una actividad pasiva como ama del hogar.

En todo caso la función de plantear la reflexión permanente acerca de la sociedad en que vivimos e interrogarse en qué sociedad queremos vivir, pasa a ser una función central de la Sociología de hoy en día. Y ello, no necesariamente surge de la sociología académica sino también de cualquier sociología profesional que pueda producir información primaria o pueda atraer la atención a partir de un análisis distinto del que se maneja habitualmente.

Finalmente por más que insistamos acerca de la apertura que supone hoy en día la falta o la incertidumbre de las doctrinas que nos prometen una sociedad mejor de todas formas la búsqueda de la “sociedad mejor” sigue siendo la dirección general de la sociología. Nos sentiríamos altamente decepcionados si, por ejemplo la sociología feminista denunciase la inequidad de género únicamente por una voluntad descriptiva, si no se plantease los medios de reducir esta inequidad para vivir en una “sociedad mejor”. Lo mismo sucede con cualquier otra sub disciplina de la Sociología, la del Trabajo, la Agraria, la Urbana y particularmente la Sociología del Desarrollo que solamente concibe que crecimiento necesariamente esté acompañado de una reducción de las desigualdades.

2) Otra especificación que parece necesaria es que las respuestas a la pregunta ¿Qué sociedad queremos? en la medida que es proyectiva implica un “deber ser” y por lo tanto para alcanzar la sociedad idílica que se busca ésta se debe ajustar a una racionalidad normativa. Normas que se pueden aplicar al procedimiento de cómo avanzar como al comportamiento necesario por parte de los actores. Al tener las formulaciones estas características, una de las razones del potencial rechazo del discurso sociológico proviene del hecho que pone en tela de juicio un “status quo”, una estructura de poder existente o algo similar. Pero también rechazo si la normativa es excesivamente rígida para alcanzar la sociedad deseada corriéndose el riesgo de caer cualquier tipo de “fundamentalismo” que en nuestro continente, por su pasado reciente, es fuertemente rechazado. Ello por considerarlo una imposición excesiva y de consecuencias no previsibles y posiblemente no deseables. Esto que ha pasado en el pasado, y puede volver a pasar en el futuro porque si una propuesta nuevamente de tipo fundamentalista logra vestirse con ropajes muy atractivos por la promesa de una sociedad ideal a alcanzar lo hagan “desconectar” con el pasado que hoy es valorado negativamente, y por lo tanto puede resurgir disfrazado de discurso original.

Hoy por hoy que estamos en un período de gran tolerancia – que a veces se confunde con el fin de los grandes relatos del posmodernismo – la sociología intenta ajustar su discurso a principios y valores generales culturalmente aceptados como válidos y no centrado en una formulación de una sociedad proyectada concreta, en una suerte de cielo en la tierra.

Pero más allá de los excesos del pasado, la gran lucha de la sociología de hoy en día es la lucha contra la “no reflexión” acerca de la sociedad en donde vivimos. No reflexión sea porque perseguimos fines egoístas de corto plazo o porque directamente vivimos al día a día, y por lo tanto toda nuestra energía se orienta a establecer estrategias de sobrevivencia.

3) Por lo tanto si bien los valores pasan a tener un papel central en nuestra orientación de la sociedad en que queremos vivir, sin embargo estos no son absolutos como se concebían en el pasado. Son construcciones sociales históricas, es decir situados espacial y temporalmente en contextos concretos. Los valores por lo tanto en que tales son un tipo particular de creencias compartidas que se sostienen con tal convicción que orientan la acción social. Pero estas pueden modificarse, ampliar o perder relevancia o especificarse según las circunstancias. Lo que ayer parecía justo hoy quizás mañana no lo parezca tanto. Otras veces nos encontramos que debemos optar por valores que en situaciones concretas aparecen como contradictorios. Todo ello nos lleva a desacralizar a los valores y esta es la única garantía contra el fundamentalismo y por la aceptación de la tolerancia. Pero a su vez es uno de los peligros del relativismo individualista que aqueja a nuestras sociedades.

Es esta tolerancia la que permite hoy en dia la convivencia de distintos paradigmas en la disciplina e incluso muchas veces un diálogo entre ellas. En este sentido el eje de la lucha por consolidar el pensamiento sociológico cambió ya que nadie en Sociología pretende hacer hegemónico un paradigma.

Aún así, los habitus aunque sepamos que pueden cambiar, que están construidos históricamente, pero que a su vez se proyectan sobre el futuro, porque no se modifican de forma rápida. Operan como parámetros sobre los que se construyen las prácticas más cotidianas.

El habitus de la sociología de articular la descripción de la sociedad con una proyección futura de esta a partir de una orientación valorativamente orientada aparece como una tradición cultural adecuada para aportar a la transformación real de la sociedad.

4) Es relativamente extraño hablar de Habitus sin referirse de inmediato al concepto también de Bourdieu de campo. Nuestra visión es que no existe y quizás nunca existirá un “campo sociológico” y ello por las características generalistas de la sociología que no permite el “cierre del campo” más allá que ello se busque intentando diferenciar la reflexión sistemática y proyectiva de la sociedad de la reflexión de la sociología espontánea. Sin embargo esta búsqueda de cierre de campo aparece como imposible porque siempre e inevitablemente habrá una sociología espontánea que los distintos actores realizarán para ubicarse en el mundo.

Lo que si aparece como crecientemente como un campo en constitución es el del “Campo de Investigación Social”.

Campo que se va consolidando poco a poco distinguiendo la investigación social profesional de la no profesional. Esta última crecientemente desacreditada pero que aparece en ciertas coyunturas como las preelectorales o por esfuerzos de maestros o docentes que muchas veces no logran llegar a la etapa de realizar el informe final.

En este campo en formación no participan todos los sociólogos pero por su relación explícita y directa con el Habitus de la Sociología que describimos pero en este espacio dando cuenta de la realidad empírica de la sociedad que se analiza, y lo hace de forma más clara que en otras actividades de sociología profesional y por lo tanto las “lidera” en el campo. Pero en la investigación social no solamente participan sociólogos sino también economistas y otros científicos sociales. En este caso nuevamente, no son todos los economistas sino solamente aquellos que intentan dar cuenta de la realidad social concreta a través de una aproximación empírica también quedando fuera de ello los economistas “standard”, los docentes de economía y todos aquellos profesionales que realizan otras actividades como economistas. La gran diferencia es que los sociólogos que participan en este campo de la investigación social directamente lideran al conjunto de los profesionales de la sociología mientras que los economistas que participan en el mismo campo son muy marginales con respecto a lo que desarrollan los economistas profesionales en su conjunto.

A pesar de ello en la pugna por la hegemonía del campo de la investigación social los economistas tanto por su prestigio externo que por la calidad de algunos de los que participan en la Investigación social han logrado hegemonizarlo. Ello se percibe en los tipos de contratos que se reciben, etc. Aún así el reconocimiento de los sociólogos en este campo poco a poco se va consolidando así como su perfil de investigadores y lo que es más importante su capacidad de aportar al mundo de la toma de decisiones y de política sociales a partir de su habitus específico.

A modo de conclusión.

El período de consolidación de la Sociología profesional está avanzando de manera notable en la última época pero casi de forma espontánea, sin ningún tipo de orientación ni estrategia. Lo que demuestra que hay un “espacio” para la Sociología e incluso un reconocimiento de su potencial aporte. El problema que este reconocimiento es difuso salvo quizás específicamente en el campo de la Investigación social.

Daría la impresión que las querellas de los paradigmas está superado sin por ello que no se pueda sentirse dentro de uno de ellos. Y también parecería que esta querella también ha perdido referencia para los actores sociales que son demandantes de análisis sociológicos o incluso que son simplemente interlocutores de los sociólogos.

La sociología profesional se está parando de una forma distinta del pasado aún sin la necesidad de “rupturas” desgarrantes entre colegas y menos aún de rupturas con los actores sociales en general.

Quizás falta tanto un debate interno acerca de lo que denominamos en este artículo Habitus, pero que como lo hicimos puede percibirse desde un enfoque weberiano y posiblemente admita otras posibles lecturas desde otras perspectivas teóricas.

Pero además es necesario ver al mismo tiempo si el enfoque que proponemos acerca de esta forma que tenemos los sociólogos de presentarnos ante la sociedad es compartida por toda la comunidad de sociólogos. Si lo fuera internamente resolvería muchos problemas de identidad de los jóvenes sociólogos y sobretodo de los estudiantes de Sociología y a su vez permitiría una visibilidad más clara de los propósitos de la Sociología, ajustaría las expectativas y las demandas de los actores de nuestras competencias, permitiría establecer una división más clara con los economistas en el mundo de la investigación social y en el trabajo interdisciplinario.

Pero para poder avanzar sobre este terreno, además de operar en la institucionalización de la Sociología es imprescindible que el Colegio de Sociólogos tenga una vida más dinámica para discutir los problemas de nuestra identidad, nuestra organización y sus reglas y nuestra visibilidad externa.

Marcos Supervielle